miércoles, 26 de marzo de 2008

“Programación de aula, ¿Para qué?

Para los docentes verdaderamente y los no tan comprometidos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, Carvajal autor del texto Programación de aula, ¿Para qué? Orientaciones didácticas para la planificación de la intervención docente en el aula; nos expone las repercusiones, lo que es capaz de permitir, las consecuencias, la necesidad y utilización de la planeación en el trabajo docente. De tal forma que los profesores seamos consientes de la eficiencia que ésta trae consigo por sí misma, como una forma de organizar y guiar los aprendizajes tras el logro de objetivos educativos funcionales.

El texto de Carvajal editado en Barcelona, 1997; sin lugar a dudas muestra realidades actuales permanentes en al ámbito educativo de nuestro país México, como uno de los mayores problemas en el trabajo eficaz del proceso enseñanza-aprendizaje, debido a la importancia y la concepción que se tiene de la planeación en cada una de las mentes de los docentes.

Carvajal afirma que planificar la docencia es un proceso de previsión y reflexión sobre la práctica, que reporta calidad a la enseñanza; y que facilita la autonomía pedagógica del profesorado al aumentar su capacidad de decisión e investigación de lo que acontece en el aula. Aunado al diseño ha de seguir el desarrollo y su valoración como procesos de construcción y reconstrucción progresiva.

F. Imbernón (1992), define que “programar es establecer una serie de actividades en un contexto y tiempos determinados para enseñar contenidos con el fin de lograr objetivos”.

Todos los docentes tenemos cierta planificación implícita o explicita que orienta y guía el trabajo en el aula la cual ocupa ciertas fases como son: enseñanza preactiva (diseño de la previsión contextualizada de tareas según objetivos, eligiendo metodología, estableciendo estrategias y técnicas para evaluar procesos y resultados.), enseñanza interactiva (desarrollo o puesta en práctica) y enseñanza postactiva (valoración procesual y final de lo acontecido); se pretende que “las decisiones que se tomen en la intervención didáctica sean reflexivas y explicitas, subjetivas y objetivas” (Ibernón,1992).

También el motivo para reflexionar y valorar la práctica docente radica en que los docentes asumamos y fortalezcamos el valor de la responsabilidad educativa un rol que jugamos al estar frente a un grupo de sujetos constructores de conocimiento. Por lo cual es justificable que los docentes planifiquemos con el fin de: eliminar la improvisación y el azar, evitando también lagunas y programas incompletos e inconexos, entre otros.

En fin, la programación supone reflexionar y hacer las previsiones pertinentes entorno al qué, cómo, cuándo y por qué se ponen en juego determinadas secuencias y tareas, respondiendo a una intencionalidad.

Lo que cada persona entiende por cómo enseñar, se relaciona con la concepción de cómo se cree que se produce el aprendizaje. Myriam Nemirovsky (1995), explica que hay también distintas concepciones en pro y contra sobre el objeto de conocimiento (una totalidad integrada, dinámica y compleja que se construye y reconstruye), el usuario o sujeto de aprendizaje (por una parte un ser que reconoce, reproduce y repite, y por otra un ser que establece, descubre y construye) y el dominio del objeto de conocimiento (aburrido, monótono y sin sentido, o también funcional, interesante, divertido y apasionante).

Según Pérez Gómez (1983), expone que la programación de aula como cualquier otra planeación docente, ha de caracterizarse por su flexibilidad, dado el carácter situacional, multidimensional y cambiante del hecho educativo; ésta programación cuenta con otras características indispensables que son: coherencia, contextualización, intencionalidad, utilidad, realismo, cooperación y variedad.

El autor es muy acertado al plantear la importancia de la programación de aula o bien la planeación del docente, pues, en este sentido las concepciones que se tenga de cada uno de los elementos vinculados al proceso de enseñanza–aprendizaje tienen mucho que ver con la calidad de enseñanza y el desarrollo eficaz de la clase. Muchas veces cuando se toman las cosas a la ligera y de forma negativa se obtienen resultados ineficaces, en contrario de cuando las cosas se toman de acuerdo a la reflexión y consciencia de lo que se hace y cómo se hace, buscando siempre el logro de objetivos. Sin duda se refleja en el ambiente de la clase, los resultados de aprendizaje de los alumnos, el interés y curiosidad de los alumnos (preguntan), etc.

La manera en que repercute la planeación en el trabajo docente y en el aprendizaje de los alumnos es realmente cuando se lleva a la práctica porque en la medida que se realice el plan (veraz, realista, preciso y claro, tomando en cuenta tiempos y recursos) el resultado será eficaz o no, productivo o infructuoso, obtendrá aprendizajes significativos o memorísticos; requerido de acuerdo a los propósitos educativos.

La planificación permite ampliar la capacidad de decisión del maestro debido a que en principio de cuantas, la planeación cuenta con la bondad de la flexibilidad y por ello permite elegir la mejor forma de trabajo en pro del aprendizaje significativo, así mismo porque al reflexionar una práctica permite adecuar la que sigue de tal forma que la segunda refleje mejores resultados para ambos agentes activos (maestro-alumno).

Las causas que trae consigo no planear las actividades de enseñanza- aprendizaje radican en improvisación, espontaneísmo irreflexivo, dejar en los alumnos aprendizajes cortos, lagunas y contenidos inconexos, alumnos pasivos, receptivos y dependientes, así como aprendizajes memorísticos poco significativos.

Durante generaciones y generaciones los docentes nos hemos aliado a una de nuestras más grandes compañeras, una amiga inseparable que nos conduce de manera ordenada y organizada a alcanzar objetivos sólidos, con ella se evitan tanteos, ensayos y pruebas que siembran confusión y dudas, esta amiga inseparable lleva por nombre planeación la cual goza de cuatro grandes bondades: precisión, claridad, veracidad y flexibilidad. Estas bondades unidas colaboran con el maestro para brindar mayor calidad en la enseñanza, auxiliándolo para que siempre tenga presente elementos fundamentales y así lograr estimular las habilidades necesarias en el aprendizaje permanente.
Los docentes tenemos el firme compromiso y la obligación de organizar la enseñanza y el aprendizaje de contenidos básicos, para que de ésta manera los alumnos, adquieran y desarrollen habilidades intelectuales que les permitan aprender de forma permanente y con independencia, a su vez actuar con eficacia e iniciativa en cuestiones prácticas de la vida cotidiana.





























BIBLIOGRAFÍA
Carvajal, F.et al., (1997), "Programación de aula ¿para qué? Orientaciones didácticas para la planificación de la intervención docente en el aula", en Aula de innovación educativa, año VI, núm. 57, febrero, Barcelona, pp. 65-72.

1 comentario:

Diana Elizabeth dijo...

Considero que el texto está muy extenso, hay que resumir más, y tambien hay que cuidar los dedasosss. Okis, ARA..C..LY